UN CAMINO DORADO

Una Estrella caminaba por todo el planeta, con el anhelo de encontrar el camino que le permitiera volver a lo más alto del cielo, pues por una extraña razón había caído sin saber el porqué.

En las largas noches miraba hacia arriba y recordaba sus aventuras y sueños. Sin perder la fe, continuaba avanzando en su afán de hallar la forma de conseguir su objetivo. Nada podía quitarle el ánimo y las ganas de seguir adelante, ni el frío, ni la soledad, ni el miedo que en ocasiones se le aparecía sin avisar. Así pasaron los días y los meses hasta que llegó la navidad.

Las luces se encendieron y la Esperanza se apoderó de la Estrella, la tomó de sus manos y la guio hasta llegar a su hogar. Allí le ofreció un delicioso té de manzana y un mágico instante de paz, junto a una chimenea encendida que le recordaba su vida en el espacio.

– ¡Quiero enseñarte algo! Exclamó Esperanza. En ese momento y frente a ellas apareció un árbol del que se desprendía un camino dorado, el cual, daba varias vueltas alrededor de él, hasta llegar a su cima. El camino embellecía la existencia de aquel pino, que a su vez invitó a las dos para que juntas, lo recorrieran hasta el final.

Al pisar su dorada piel, la magia se hizo realidad y una inolvidable aventura iniciaba su andar. Esferas de colores y campanas colgaban de sus ramas, así como brillantes luces se apagaban y encendían al ritmo de “Vamos pastores, vamos”, “Noche de paz” o “Campana sobre campana”. Canciones que anunciaban poco a poco, que el objetivo de la Estrella estaba por cumplirse.

Y así fue, la cima de aquel árbol estaba cada vez más cerca de sus pies y de su profundo deseo de llegar a lo más alto, pero, por alguna razón, la cima no contaba con luz y no era posible observar los últimos metros del camino. La Esperanza detuvo sus pasos y dijo: “Estrella. Has sido la elegida para iluminar la cima con tu brillo, ese que llevas en el corazón. Con él, podríamos descubrir y disfrutar de todas las maravillas que allí se encuentran, como los sueños que otros necesitan hallar y que por falta de luz no han logrado alcanzar”.

La Estrella se sintió honrada y con un amoroso gesto de grandeza, destapó su pecho y dejó salir de él un potente rayo que de inmediato alumbró por completo la cima. Descubriendo entonces todo un mundo nuevo, a donde la Esperanza podría traer a tantos seres que necesitaban de su ayuda.

El rostro de la Estrella se llenó de luz, al igual que millones de sueños brillaron, para hacerse realidad.